
En el centro poblado de La Rinconada, considerado uno de los asentamientos humanos más altos del mundo, estudiar se ha convertido en un verdadero reto diario. A más de 5,200 metros sobre el nivel del mar, decenas de niños y adolescentes enfrentan temperaturas bajo cero y constantes nevadas para poder asistir a sus centros educativos, en medio de un entorno marcado por condiciones climáticas extremas y limitaciones estructurales.
Cada jornada comienza con largas caminatas de hasta más de 30 minutos desde los campamentos mineros hasta las escuelas. En ese trayecto, los estudiantes cruzan caminos cubiertos de nieve y soportan sensaciones térmicas que alcanzan los -15°C. Muchos lo hacen sin ropa adecuada para el frío, mientras que en las aulas las condiciones no mejoran: infraestructura precaria, filtraciones de viento y ausencia de sistemas de calefacción dificultan el aprendizaje. “Los estudiantes llegan con las manos moradas y a veces no pueden ni escribir, pero aun así no faltan porque quieren salir adelante”, relatan desde la comunidad educativa.
Pese a los reiterados pedidos de padres de familia y autoridades locales, las demandas al Gobierno Regional de Puno y al Ministerio de Educación del Perú para la implementación del Plan de Heladas y Friaje, mejora de infraestructura y fortalecimiento de la alimentación escolar no han sido atendidas de manera efectiva. Aunque las clases solo se suspenden en casos extremos, como el bloqueo total de accesos por nevadas, la asistencia escolar ha disminuido en comparación con años anteriores, reflejando la urgencia de medidas concretas que garanticen condiciones dignas para la educación en esta zona del país.

