El congresista Jaime Quito ha analizado la situación presentada durante los últimos días en nuestro país, señalando que las recientes movilizaciones, especialmente de jóvenes, reflejan una creciente preocupación por la inseguridad ciudadana y por múltiples problemas que afectan al país. Es cierto que atravesamos una crisis sistemática y generalizada, pero no podemos dejar de señalar que existen responsables directos: el Ejecutivo, el Legislativo y otras instituciones del Estado.

Este modelo político y económico se ha constituido para garantizar un sistema de saqueo de nuestros recursos naturales y la permanencia de una clase dominante que, a través de sus partidos políticos de derecha, busca preservar privilegios. Para ello, en lugar de que las Fuerzas Armadas y la Policía estén enfocadas en combatir la inseguridad ciudadana, se les orienta a reprimir a la población, criminalizar la protesta social y garantizar, sobre todo, la defensa de la propiedad privada antes que la seguridad de los ciudadanos.

El problema de fondo no es únicamente la inseguridad ciudadana, sino también la falta de atención a los diversos problemas que afectan a la población. Si revisamos los datos, veremos graves deficiencias en educación, salud, generación de empleo y oportunidades para la juventud. Estos vacíos se convierten en el combustible que alimenta la inseguridad: adolescentes de 13, 14 o 15 años son cada vez más captados para cometer actos delictivos.

A ello se suma la corrupción, el lavado de activos y las redes de delincuencia que se entrelazan con el accionar político. En nuestro país, la corrupción se ha vuelto un lastre estructural que obstaculiza cualquier posibilidad de cambio profundo. Por eso, las demandas que hoy se escuchan en las calles no son casualidad: la población clama a gritos por transformaciones reales que resuelvan los problemas de raíz y no solo sus consecuencias inmediatas.

FB.