La designación de Gino Ríos Patio como representante del Ministerio Público ante la Junta Nacional de Justicia (JNJ), realizada por el defensor del Pueblo, Josué Gutiérrez, ha desatado una ola de indignación y cuestionamientos. La polémica no solo se centra en el perfil político de Ríos Patio, sino en que este posee una sentencia consentida por violencia familiar y maltrato psicológico.

A pesar de estos graves antecedentes, el defensor del Pueblo, Josué Gutiérrez, ha salido a respaldar el nombramiento, minimizando las acusaciones y colocando el foco únicamente en la legalidad del proceso. Esta postura ha generado un intenso debate sobre la suficiencia de cumplir requisitos formales para ocupar una carga de tanta envergadura y dónde queda el estándar ético en este tipo de designaciones.

La pregunta que resuena en la opinión pública es: ¿por qué esta férrea defensa a Gino Ríos por parte de Josué Gutiérrez? Se especula si se trata de un simple acto de lealtad política o si existe un cálculo detrás para garantizar el control de un órgano clave como la JNJ.

Los críticos señalan que la obstinación de Gutiérrez no respondería al mandato de la ciudadanía, sino a intereses oscuros aún no del todo desarrollado.

Josué Gutiérrez, no solo estaria desnaturaliza el rol de la Defensoría del Pueblo, sino que, paradójicamente, se estaría colocando del lado contrario al que juró defensor: el del poder que protege al agresor.

(E.C)