
Con una mezcla de fe y tradición, miles de familias en Juliaca se unieron hoy a la milenaria costumbre del challado a la Pachamama, una ceremonia ancestral para agradecer a la Madre Tierra y pedirle prosperidad para el futuro.
Desde las primeras horas de la mañana, las casas, negocios y vehículos se llenaron de un ambiente festivo. Las ofrendas, compuestas por incienso, vino, hojas de coca, flores y sahumerios, fueron el símbolo de la gratitud que la población manifestó por los bienes recibidos. Este ritual, arraigado en la identidad de la región, se vive con especial fervor, pasando de generación en generación.

Uno de los puntos de mayor concurrencia fue el río Coata. Cientos de familias se congregaron en los puentes de Unocolla, Maravillas e Independencia, con la esperanza de encontrar piedras planas. Según la creencia popular, recoger estas piedras es un augurio de buena suerte y un imán para atraer la prosperidad económica.
En el puente Maravillas, la tradición se expandió. Además de los elementos habituales para la challa, la gente se congrega para adquirir productos en miniatura. Estos pequeños objetos, que incluían casas, vehículos, billetes, títulos profesionales y otros artículos de abundancia, se vendían con gran éxito, reflejando la profunda fe de la población en la materialización de sus deseos para el próximo año.

La celebración de hoy no solo es un rito; es la manifestación de una cosmovisión andina que conecta a la gente con la naturaleza y con sus anhelos más profundos. Es un día en que la comunidad se une, renovando su esperanza y su compromiso con la vida.
