Según el historiador Rene Calsin Hancco, esta costumbre tiene raíces prehispánicas y simboliza la abundancia, la conexión con la tierra y el agua.

Como cada 1 de agosto, muchas familias de la región de Puno se preparan para cumplir con una tradición ancestral: el recojo de piedras planas en los ríos. Esta práctica, que se mantiene viva en diversas comunidades del altiplano, data de tiempos anteriores a la llegada de los españoles, según explicó el historiador puneño Rene Calsin Hancco.
El especialista destacó que esta tradición está vinculada a antiguas culturas como los incas, collas y puquinas, que desarrollaron una profunda relación espiritual y funcional con la piedra, elemento central en su arquitectura, cosmovisión y vida cotidiana. Ejemplos de ello se encuentran en estructuras como Machu Picchu, el Qhapaq Ñan, las viviendas ancestrales y la arquitectura monumental pucará.

El simbolismo de la piedra como dinero: una transformación colonial
Aunque el origen de esta costumbre es prehispánico, el simbolismo de las piedras planas como representación del dinero habría surgido durante la época colonial. Fue en ese periodo —afirma Calsin Hancco— cuando la forma de las piedras planas comenzó a asociarse con las monedas introducidas por el virreinato del Perú.
“Antes de la llegada de los españoles, no existía la moneda como tal, pero con el proceso de colonización, estas piedras comenzaron a verse como símbolos de riqueza y prosperidad. De ahí nace la costumbre de recolectarlas cada 1 de agosto”, explicó el historiador.

Río Coata: punto clave de la tradición
Uno de los principales escenarios para cumplir con este ritual es el río Coata, afluente que desemboca en el lago Titicaca. Calsin recordó que, según crónicas y mapas coloniales del siglo XVII, este cuerpo de agua era conocido antiguamente como el río Juliaca.
Además, mencionó la desaparición de antiguos ríos de la ciudad, como el Q’atari (actual jirón Cabana) y el Torococha, cuyo cauce aún se manifiesta durante las temporadas de lluvia.
“Cuando llueve intensamente, las aguas buscan sus antiguos caminos. Por eso se inunda la zona de Túpac Amaru”, sostuvo Calsin.

Una práctica viva que une historia, identidad y espiritualidad
La recolección de piedras planas no solo representa una búsqueda de prosperidad para el nuevo ciclo agrícola, sino que también reafirma la identidad cultural de las comunidades del altiplano. Cada piedra, cada río y cada gesto ancestral revive una conexión con el pasado que sigue siendo parte del presente puneño.
