
Reflexionando sobre el conocimiento de la política, el analista y ex parlamentario Alberto Quintanilla formuló importantes ideas. Señaló que “el Estado, según la Constitución, no desarrolla actividades económicas de manera directa, salvo casos de excepción; lo que sí hace es regular la actividad económica. Esa regulación consiste en poner límites y parámetros: hasta dónde llega tu derecho y dónde empieza el derecho de los demás».
Un ejemplo: «cuando una persona sale de su casa para ir a trabajar, ese trayecto forma parte de la vida en sociedad. El Estado debe garantizar que no sea asaltada, robada o agredida. Pero, al mismo tiempo, la persona también está obligada a respetar a los demás, no interrumpiendo el tránsito ni afectando sus derechos», propuso.
En ese sentido, el orden en el tránsito, la seguridad y el respeto recíproco son expresiones de cómo el Estado regula la convivencia. En conclusión: la vida colectiva es parte de la naturaleza humana, porque no existe sociedad ni vida plena sin esa interacción y sin un marco de reglas comunes que protejan los derechos de todos.
Dijo por otro lado “estamos organizados y lo que hace cada persona repercute en los demás. Por eso debemos preocuparnos cotidianamente por lo colectivo y lo social. No se puede decir simplemente: “yo vivo de mi trabajo y lo demás no me importa”, porque esa actitud deja que otros decidan y actúen por nosotros.
La vida social, al igual que comer todos los días, ocurre de manera constante; del mismo modo, el Estado y la sociedad funcionan día a día. Por eso es importante interesarnos, tener una opinión propia y participar de forma adecuada en los asuntos públicos.
Los políticos son parte de esa vida social, pero no son distintos a otros oficios o actividades: así como hay futbolistas, guitarristas, constructores, ingenieros o maestros, también hay políticos, y su deber es hacer bien su trabajo, advirtió.
FB
