Al cerrar este 2025, el Perú no solo despide el año de la mafia; despide, quizás de forma definitiva, los últimos vestigios de la democracia liberal tal como la conocimos. No podemos analizar nuestra tragedia doméstica como un fenómeno aislado. El avance de una ultra derecha doméstica —conservadora, racista y autoritaria— es el eco peruano de un fenómeno global de repliegue democrático.

Estamos interconectados a una corriente internacional que desprecia el pluralismo y abraza el orden por la fuerza. Sin embargo, aquí este fenómeno ha adquirido una forma monstruosa: una dictadura sistémica que prescinde del caudillo tradicional para entronizar a una corporación de intereses oscuros.

R.C.M.

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