
Con visible indignación y aún convaleciente, Alberto Larico Alanoca, personal de seguridad privada, relató a La Decana los dramáticos momentos que vivió la madrugada del domingo 21 de diciembre, cuando fue brutalmente agredido por más de cinco personas en los exteriores del local Alola, tras cumplir labores de resguardo durante un evento de corte de pelo.
Según su testimonio, la violencia se desató luego de que, por disposición de su jefe, interviniera para retirar a un grupo de personas que protagonizaban grescas y ocasionaban daños dentro del local, incluso rompiendo una de las ventanas. Uno de los intervenidos —quien habría sido retirado previamente del establecimiento— lo amenazó de muerte: “Cuando salgas te voy a matar”, recuerda Larico.
Minutos después, al salir del local para cumplir con la orden, fue perseguido por familiares y amigos del sujeto que lo amenazó. La situación se tornó aún más crítica cuando, al intentar regresar al interior del local para ponerse a salvo, sus propios compañeros le cerraron la puerta, impidiéndole refugiarse. En un intento desesperado por salvar su vida, corrió en dirección al hospital; sin embargo, fue alcanzado por el grupo agresor, que lo redujo y le propinó una salvaje golpiza.

De acuerdo con su relato, fue atacado con patadas, puñetes y hasta con un sartén que, presuntamente, fue arrebatado a una vendedora de alimentos que se encontraba en los exteriores del local. “Les decía que soy padre, que tengo hijos, pero no les importó. Me seguían golpeando, incluso en la cabeza, una y otra vez”, narró con voz entrecortada. La agresión, en la que participaron tanto varones como mujeres, lo dejó inconsciente.
El diagnóstico médico presuntivo es alarmante: traumatismo encéfalo craneano con hematoma intracraneal, fractura de los huesos propios de la nariz, desprendimiento de retina del ojo derecho, múltiples contusiones y rabdomiólisis. A ello se suma la preocupación económica. Larico denunció que la empresa Rodpar S.A. lo contrató para dicho evento.
Larico Alanoca, preciso que hasta el momento solo le dieron 500 soles, monto que resulta insuficiente frente a los más de 1,400 soles que ya ha tenido que gastar en exámenes médicos, dinero que tuvo que pedir prestado para cumplir con las tomografías solicitadas por el médico legista.

Por su parte, el jefe de la empresa de seguridad sostuvo que la gresca ocurrió en los exteriores del local y no en el interior, señalando que el incidente se originó cuando una persona empezó a lanzar piedras y objetos contundentes contra el personal. Indicó que ese día se desplazó a 14 agentes de seguridad y que al menos seis de ellos resultaron agredidos, incluido él mismo. Asimismo, informó que se estaría denunciando a dos presuntos agresores y que la empresa brindaría ayuda “hasta donde se pueda”, una afirmación que deja dudas sobre el respaldo real al trabajador gravemente herido.
Un hecho que genera serias interrogantes es lo ocurrido en la comisaría de San Miguel. Según versiones recogidas, el propio jefe de la empresa acudió a presentar la denuncia; sin embargo, el suboficial Salas solo habría levantado un acta y se negó a realizar la constatación en el lugar de los hechos. Esta omisión habría derivado en que los agresores detenidos fueran posteriormente liberados. “El suboficial no quiso hacer la constatación y fue él quien los soltó”, manifestó personal de la empresa.
El caso de Alberto Larico Alanoca pone en evidencia no solo la violencia extrema que puede desencadenarse en eventos masivos, sino también la precariedad laboral, la falta de respaldo efectivo a los trabajadores de seguridad y serias dudas sobre el correcto procedimiento policial. La familia del agraviado exige justicia, atención médica oportuna y que las autoridades competentes esclarezcan los hechos y determinen responsabilidades, para que una agresión de esta magnitud no quede impune.

