
El sol aún no asomaba cuando Sabina Luque Vilcapaza (41) inició, como todos los días, su rutina silenciosa y sacrificada. Empujaba su triciclo cargado de jugos de maca, cañihua y quinua, con la esperanza de vender lo suficiente para sostener a sus tres hijos. Pero ese domingo 21 de diciembre, la vida le fue arrebatada de forma abrupta y cruel en la vía Juliaca–Huancané, dejando un vacío imposible de llenar.
Eran aproximadamente las 5:30 de la mañana cuando, a la altura del kilómetro 6, un vehículo la atropelló violentamente. Sabina falleció en el acto, sobre el mismo asfalto por donde cada día transitaba con esfuerzo y dignidad. Su triciclo quedó destrozado, su trabajo esparcido en la carretera, como un doloroso símbolo de una vida marcada por la lucha constante.

La escena más desgarradora la vivió Joel, su hijo de 12 años, quien presenció la muerte de su madre. Sin comprender del todo la magnitud de lo ocurrido, suplicaba entre lágrimas que la llevaran al hospital, aferrándose a la esperanza de que despertara. “Mamita, despierta”, repetía una y otra vez, mientras la inocencia de un niño se rompía para siempre ante los ojos de quienes estaban presentes.
Sabina era el único sustento de su familia. Deja en la orfandad a una joven de 17 años, a una hija con discapacidad que requiere cuidados permanentes y a la pequeña Ariana, de 8 años, quien llegó más tarde al lugar y rompió en llanto al ver a su madre sin vida. Fue necesario apartarla para evitar que ese momento quedara grabado como una herida imborrable en su infancia.

Vecinos y padres de familia la recuerdan como una mujer responsable, comprometida con la educación de sus hijos y siempre dispuesta a salir adelante pese a las dificultades. Vivía en una vivienda humilde, de madera, en condiciones precarias, pero nunca dejó de esforzarse para que a sus niños no les faltara lo esencial.
El vehículo involucrado, un Toyota Yaris gris, fue intervenido por Serenazgo del distrito de San Miguel. Testigos señalaron que el conductor habría estado en presunto estado de ebriedad, situación que es materia de investigación por parte de las autoridades. Tras varias horas, el Ministerio Público realizó el levantamiento del cuerpo y dispuso su traslado a Medicina Legal.

Por la noche, el dolor se transformó en clamor de justicia. Familiares, vecinos y compañeros de colegio de Joel realizaron un plantón en los exteriores de la comisaría Santa Rosa, pidiendo que el caso no quede impune y que se actúe con transparencia. La población también exigió mayor seguridad vial y la instalación de reductores de velocidad, recordando que esta carretera ya ha cobrado otras vidas.
Hoy, Juliaca amanece con una ausencia que duele. Tres niños enfrentan un futuro incierto sin el abrazo de su madre. La historia de Sabina no es solo una noticia: es el reflejo de muchas mujeres que madrugan para sobrevivir y que merecen volver a casa. Su muerte deja una herida abierta y un llamado urgente a proteger la vida, especialmente la de quienes solo buscan trabajar con honestidad para sacar adelante a sus familias.

