El grupo más afectado corresponde a mujeres entre 15 y 19 años, y varones de 20 a 24 años. Especialista advierte falta de atención familiar y abandono emocional en zonas mineras.

La salud mental juvenil atraviesa una preocupante crisis en la provincia de Carabaya. De acuerdo con el Hospital San Martín de Porres de Macusani, los intentos de suicidio han aumentado en un alarmante 71.5%, especialmente en adolescentes y jóvenes entre 15 y 34 años. Esta situación pone en evidencia una realidad silenciosa y desatendida, donde la presión social, la violencia doméstica y el abandono emocional agravan los problemas de fondo.
El psicólogo Erick Arias Paredes, especialista del principal nosocomio de la Red de Salud Carabaya, alertó sobre la creciente incidencia en mujeres de 15 a 19 años y varones de 20 a 24 años, grupos particularmente vulnerables frente a trastornos depresivos, baja autoestima, bullying y falta de soporte familiar.
La situación exige atención especializada inmediata y un abordaje comunitario oportuno. “No se trata solo de estadísticas, sino de vidas en riesgo”, advirtió Arias.

Las causas del suicidio: más allá de lo individual
El especialista explicó que los intentos de suicidio responden a causas personales, sociales y familiares. Entre ellas destacan: Antecedentes traumáticos (violencia, abuso, abandono), personalidades emocionalmente frágiles o con temperamento heredado, entornos familiares inestables o ausentes y presión económica, desempleo o frustración social.
Falta de acompañamiento afectivo, especialmente en familias vinculadas a la minería
“En Macusani, la estabilidad económica no siempre va de la mano con la estabilidad emocional. Muchos jóvenes están solos, aunque no les falte dinero”, enfatizó.

Indicadores preocupantes y métodos más usados
En promedio, el hospital registra de uno a dos intentos de suicidio mensuales, y entre uno a cinco casos con necesidad de hospitalización. A diferencia de las estadísticas nacionales, donde el ahorcamiento es el método más común, en Macusani predomina el consumo de sustancias químicas o fármacos, debido a su fácil acceso y a la falta de supervisión en los hogares. “
Muchos padres están ausentes por razones laborales. La minería absorbe su tiempo, pero no puede reemplazar el afecto y el acompañamiento que los hijos necesitan”, advirtió el psicólogo.
