Interesante explicación realizó el historiador René Calsín Hanco, sobre las fiestas ancestrales que se producen según el calendario andino, estrechamente ligadas a la agricultura y la astronomía. En el ámbito astronómico se celebraban los solsticios, como el Qhapaq Raymi y el Inti Raymi, así como los equinoccios. Estas festividades marcaban los ciclos del tiempo y la relación espiritual con la naturaleza.

Señaló, que «en la agricultura existían cuatro fiestas importantes: el inicio de la siembra en agosto, la primera floración en enero, la segunda floración en febrero y la cosecha, conocida como la fiesta del Aimoray en mayo. Con la colonia, la primera y segunda floración se transformaron en el Carnaval Chico y el Carnaval Grande. Un caso emblemático es Juliaca, donde el Carnaval Chico mantiene su relación con la primera floración del ciclo agrícola.»

El especialista en temas históricos de Juliaca, dio a conocer que, con los cambios del tiempo, la antigua rivalidad existente entre Machuaychas y Chiñipilcos ya no existe, ahora ambas instituciones y organizaciones coordinan para preservar estas expresiones. Son esfuerzos colectivos que mantienen viva la memoria y el sentido comunitario.

Calsín Hanco señala que en esta tradición que se rememora el 20 de enero, destacan agrupaciones emblemáticas en distintas regiones que conservan rituales y celebraciones ancestrales. En el centro del Perú existen casos particulares y en nuestra región está el caso de Capachica, donde las festividades se desarrollan en momentos distintos del año. Cada localidad presenta variantes propias, siendo algunos espacios considerados verdaderos epicentros de esta tradición cultural.

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