
Miles de pobladores de Juliaca y zonas cercanas llegarán desde la madrugada del 1 de agosto a las riberas de los ríos Unocolla, Maravillas, Cacachi y otros, para recoger piedrecillas planas que simbolizan dinero y riqueza en esta tradicional costumbre del altiplano. A pesar del frío, adultos, jóvenes y niños se abrirán paso en los cauces con herramientas en mano para buscar las preciadas piedras.
Quienes no puedan extraerlas directamente podrán comprarlas a vendedores que las acopiaron días antes según tamaño y cantidad. Luego, con mucha fe, los participantes realizarán la challa, un ritual que muchas veces dirige un chamán con cerveza negra, vino y sahumerio, como parte del pedido de prosperidad y abundancia para el hogar y la familia durante el resto del año.
El historiador Hugo Apaza Quispe explica en su libro Temas Históricos de Juliaca que esta costumbre nació en el siglo veinte, creció con fuerza en la década de 1960 y hoy sigue convocando a comerciantes y visitantes de toda la región. Los creyentes guardan las piedrecillas en lugares secretos de sus hogares con la esperanza de que sus deseos de prosperidad se hagan realidad.
La jornada también mueve la economía local, pues comerciantes de comida, alasitas, chamanes y transportistas aprovechan la masiva presencia de gente en los ríos de Juliaca. La tradición del 1 de agosto se repite año tras año como una de las expresiones culturales más arraigadas de la ciudad, que mezcla fe popular, identidad andina y movimiento económico en una sola jornada.
(E.C)
