El historiador René Calsín Hancco recordó que Juliaca se encuentra a escasos días de conmemorar el Carnaval Chico, celebrado cada 20 de enero con la emblemática Q’ashwa de San Sebastián, una manifestación cultural que hunde sus raíces en el calendario andino prehispánico y que, con el paso del tiempo, ha experimentado un profundo proceso de sincretismo.

Según explicó, antes de la llegada de los españoles, los pueblos andinos celebraban diversas fiestas ligadas a la agricultura y a los solsticios. Entre ellas destacaban las ceremonias del inicio del ciclo agrario en agosto, la primera maduración en enero, la segunda maduración o floración en febrero y, finalmente, la gran fiesta de la cosecha en mayo. Con la colonia, estas celebraciones fueron resignificadas: la primera maduración pasó a identificarse como Carnaval Chico, mientras que la segunda se convirtió en el Carnaval Grande o Jatun Pujllay.

En ese contexto, el 20 de enero se consolidó en Juliaca y en toda la zona como el día central del Carnaval Chico, fecha en la que se cultiva y expresa una danza ancestral conocida como la Q’ashwa, que durante la colonia recibió el nombre de Q’ashwa de San Sebastián, denominación que se mantiene hasta la actualidad.

Calcín Hancco precisó que, hacia la década de 1940, la institución que evocaba esta danza en Juliaca se fraccionó en dos grupos representativos: los jóvenes, identificados como Chiñipilcos, y los mayores, conocidos como Machuhaychas. Desde entonces, ambas agrupaciones se han convertido en símbolos culturales que mantienen viva la tradición cada 20 de enero.

El historiador también resaltó que el Carnaval Chico refleja un claro sincretismo cultural, donde conviven elementos ancestrales con prácticas coloniales. Como muestra de ello, citó diversos registros históricos, como el concurso realizado en Amancaes, Lima, en 1927, donde un trío cusqueño obtuvo el primer lugar interpretando la música de la Q’ashwa de San Sebastián. Asimismo, recordó la crónica publicada en 1937 en la revista Runa Soncco, de Manuel Núñez, titulada Veinte de enero, considerada una valiosa fuente para conocer cómo se vivía el Carnaval Chico en el siglo pasado.

Finalmente, y en el marco del Bicentenario de la provincia de San Román, Calcín Hancco consideró que es el momento oportuno para fortalecer y mejorar la organización del carnaval, que este año se desarrollará en febrero. Entre sus propuestas, planteó que la Q’ashwa de San Sebastián, danza propia de Juliaca, tenga un rol protagónico y participe en calidad de concurso dentro del Carnaval Grande, junto a otras expresiones locales como los Soldaditos de Santa Catalina, el Puli Pulis y los Taitas.

Asimismo, subrayó la necesidad de posicionar la melodía de la Q’ashwa de San Sebastián a nivel nacional e internacional, de modo que, al ser escuchada, sea inmediatamente identificada como símbolo del Carnaval de Juliaca, tal como ocurre con las festividades de Cajamarca o Arequipa. A ello se suma la urgencia de definir un recinto o avenida fija para el desarrollo del carnaval y de promover investigaciones que permitan plasmar esta historia en publicaciones, como un libro dedicado exclusivamente al Carnaval de Juliaca.

“Hay mucho por mejorar, pero también mucho por conocer y valorar de nuestro pasado”, concluyó el historiador, destacando que la identidad cultural de Juliaca se fortalece cuando sus tradiciones son reconocidas, protegidas y difundidas con respeto y orgullo.

R.C.M.

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